Fromm nos comenta que así como fuimos
expulsados del Edén, igualmente Abraham es invitado a dejar su casa materna e
irse lejos, a un lugar que Dios le indicará.
Parecería que ya encontramos una de las
primeras prohibiciones humanas: Alejarse del hogar materno o paterno.
En la época tribal, también los jóvenes
comenzaban a irse de sus familias, la prohibición, el incesto seguramente fue
una o la primer ley humana. El mismo Freud la enmarca en épocas muy antiguas,
prehistóricas, como la primera prohibición. La antropología la analiza a la vez
como una forma o necesidad de abrir la sociedad y expandirse.
Relata Fromm, analizando las expresiones
bíblicas, que con la caída de Adán del Paraíso comienza la historia humana;
dicha armonía original se pierde y entra en la dialéctica, entre el hombre y la
naturaleza, la lucha y el conflicto; el macho y la hembra.
También Dios temía que a quién hizo a su
semejanza; teniendo ahora el saber del conocimiento al comer la manzana, teme
que le robe el de la vida, y sea tan poderoso como él.
¿Qué significado gigante tiene esto? ¿Es el
momento del autoritarismo?
El deseo permanente del regreso al Edén, al
útero materno, al gran Fhater, muy paralelo al mundo de las ideas de Platón,
donde se rememora aquél que era su hogar paradisíaco, al igual que las
interpretaciones sicoanalíticas de Freud.
El intento de alcanzar una nueva armonía en
esta nueva situación, en una unicidad entre el hombre y la naturaleza, la
interpreta Fromm como «el fin de los días» o «tiempos mesiánicos», leída en la
literatura rabínica y mesiánica. Ese estado no es un don divino, sino una
construcción del hombre. Es la disyuntiva donde puede avanzar o puede
destruirse junto con la historia del hombre. Esa es la libertad. Parecería que
lo terrenal toma más vida ahora y el propio Dios deja de ser tan autoritario.
Con ese propósito de libertad – la salida de
Egipto no es un tema de profundidad nacional, sino un tema social – así lo reflexiona
Fromm.
En el peor momento del Faraón hacia sus
esclavos judíos – la muerte de su primogénito – es que aparece Moisés. Pero la
paradoja es que el esclavo no tiene noción sobre qué es la libertad. Entonces
¿cómo llega a ese concepto inexistente hasta el momento? se pregunta Fromm.
¿Acaso ocurre algo místico?. No, dice. ¿Acaso
Dios capacita al hombre? Tampoco; él interviene en el proceso histórico. Dios
ayuda sin cambiar la naturaleza humana. De alguna forma lo interpreta como algo
muy terrenal.
Dice Fromm: Para liberar su no teísmo, el
hombre se libera a sí mismo y nadie es o puede hacer por él lo que él no puede
hacer por y para sí mismo».
Mientras que en otro contexto Fromm no
encuentra en el hebreo y o texto bíblico, la palabra religión, lo cual le da un
importante sentido al significado de legislación, es decir leyes, hasta que
llega a preguntarse si sobre todo lo judío no es acaso una legislación.
A propósito de Pesaj
01/Abr/2015
Identidad, Mauricio Zieleniec